Soy Filomena

el blog de Lassinvergüenzas

Soy Filomena

9 de junio de 2021 Cuentos cortos 0
Filomena

Mi nombre es Filomena, vivo en una casa con una familia grande. Me gusta comer acostada, dormir con la patas arriba, tomarme las cosas con calma y cuando tengo la oportunidad, me gusta escapar de casa para conocer el barrio. No siempre tuve una casa con una familia grande, hace algún tiempo vivía muy diferente. Mis días comenzaban cuando mi mejor amigo Rubén y yo despertábamos acostados sobre una carreta de madera destartalada, cubierta con algunos cartones, nos abrigábamos con una cobija vieja y un trozo de plástico roto, que nos ayudaba a conservar el calor durante las noches y madrugadas frías de la cuidad. Rubén no hablaba mucho, tenía una barba blanca y apenas unos cuantos dientes. Siempre se preocupaba porque comiéramos bien, entonces nos íbamos caminando con la carreta cerca a la Plaza Minorista o la estación Prado del Metro. A veces recorríamos las cafeterías, restaurantes o universidades a probar suerte para comer pan, sopa o arroz viejo, el menú variaba todos los días, no era mucho pero siempre alcanzaba para los dos. Me gustaba salir en nuestra carreta que sonaba con su traqueteo, como si fuera música de fondo. Recogíamos lo que otra gente bota como basura, cartones, periódicos, revistas, botellas de plástico o vidrio, latas y pedazos de cable. Llenábamos nuestra casa andante para luego cambiarlos por dinero y cuando había suficiente, Rubén compraba una pechuga de pollo apanado con papas y arepa, que nos comíamos de a poquitos para que nos durara más. Estuvimos en conciertos en el Parque De Las Luces, nos gustaban las artesanías por la Avenida la Playa y el Parque San Antonio, a veces disfrutábamos de una obra de teatro en el Parque Bolívar, o veíamos pasar las marchas por la Avenida Oriental. Rubén como yo no decía nada, pero en nuestros rostros se notaba la alegría de estar juntos y disfrutar del espectáculo humano día a día. Una mañana Rubén no se despertó igual, no tenía fuerzas para levantarse y respiraba extraño. Esos días tuve mucha hambre, iba sola a buscar comida para mí y le trataba de llevar un poco a él, pero no comía nada. Poco después, Rubén dejó de respirar, estuve a su lado hasta que alguien notó que algo no estaba bien. Se lo llevaron y a mí también, nunca lo volví a ver. Estuve encerrada y triste en un extraño lugar lleno de otros perros que no paraban de ladrar y llorar. En mi primer intento de fuga vi a un niño que llegó mirando cada jaula, pero en lugar de escapar me devolví a saludarlo y nos enamoramos de inmediato. Su familia me adoptó y mi vida cambió por completo. A veces lloro cuando veo a otros como Rubén, que recogen la basura en las esquinas para convertirla en dinero, me quiero ir con ellos y volver a las calles a ser libre de la monotonía, como antes, cuando éramos Rubén y Yo.

Andrea Pinzón

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